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Fresús nació en el año 1982. Los primeros coches empezaban a moverse gracias al aceite de aleta de erizo de Papúa Nueva Guinea y la mujer había encontrado el mayor entretenimiento que podía tener una hembra: las ecuaciones trifásicas. No todo era bello en 1982, sin ir más lejos, se jugaba un Mundial de Fútbol en la mísmisima España y Naranjito empezaba a aleccionarnos sobre lo importante que es lavar las naranjas antes de comerselas a bocaos.
Aun así fueron tiempos difíciles para este obeso pequeño. Decidió que la venta de fetos asados para gente asiática no daba todo el dinero que él precisaba y encontró otro trabajo más divertido, aunque incluso menos lucrátivo: SERÍA DIBUJANTE DE CÓMICS. Sus primeros pinitos no fueron del todo buenos. Los dos primeros los plantó con una tierra especial para árboles de hoja caduca y en las instrucciones del abono especificaba claramente que no era adecuado para pinitos. Con lo que el bravo Fresús decidió dejar de lado la botánica y seguir dibujando cómics. Sus dbujos de niño eran lamentables, cuando todos los niños dibujaban un pajaro al estilo del simbolo del P.P. el pequeño Fresús dibujó una grulla grotesca, con pico largo y patas gordas, lo que hizo que fuera el ojito derecho de la profesora durante años. Ser un ojo de cristal derecho no era del todo cómodo, con lo que Fresús escapó de ese horripilante trabajo y siguió... ¿adivinan?... SÍ! continuó dibujando cómics. En su adolescencia coincidió con otro autor de Comics, Pablo Muñoz y juntos crearon el fanzine más famoso de toda la famosera famosa de Pino Montano y parte de Sevilla: EN EL CORRAL DE LA PACHEKA. con casi 15 páginas mensuales, lo que menos importaba era la calidad del dibujo o los medios de entintado o guión, las historias brotaban como papilomas en pies de enfermos y se hacían mágicas. La cosa duró un año y pico, con 14 números en el mercado y haciéndose un hueco entre los fanzines de Sevilla (cosa no demasiado difícil, para qué negarlo)
El pequeño, pero siempre risueño Fresús, se tomó un par de años sabáticos, donde apenas dibujó ni hizo polleridas, las mújeres empezaban a entrar en su vida, y su vello púbico se rizaba a pasos agigantados. Hasta que encontró de casualidad el fanzine virtual Ojodepez donde aun sigue dibujando travesuras por doquier, compáginandolo con cómics secretos que solo el conoce (...) Fresús sigue en la actualidad en Sevilla, disfrutándo del cálido aire de una ciudad sin metro y con pocas bibliotecas y puticlubs públicos. No sabemos si morirá pronto pero una cosa es segura: Fresús está vivo.
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