Andrés Calamaro, una vida descolocando al personal
Andrés Calamaro se ha convertido en uno de los referentes
claros del rock argentino en España, de hecho podríamos
decir que cuando aparece una banda o solista de aquel país
siempre se mira a él para encontrar similitudes o rasgos
parecidos y para declararlo rápidamente el nuevo Calamaro.
Lo extraño es ese empeño en buscar sucesores cuando
el original está vivito y coleando.
Pero Calamaro es un tipo que no suele complacer a los que le siguen
(o quizás sí). Cada disco nuevo no tiene nada que
ver con el anterior, pasa de grabar con los mejores músicos
estadounidenses a hacer un disco mayormente grabado en su casa con
un cuatro pistas. De hacer discos de 15 temas a hacer discos de
37 ó 103 canciones...
¿Un loco? No. Calamaro lleva muchos años en el mundo
de la música y sabe lo que se hace. Cuando se habla del número
de temas que suele hacer para sus discos y el grado de experimentación
que puede alcanzar, una frase salida de sus labios parece callar
a la mayoría. "La música es oxígeno".
Pero empecemos como en toda biografía, hablando del comienzo:
Andrés Calamaro Masel nace
un 22 de agosto de 1961 en la ciudad de Buenos Aires, en el Barrio
de Once (barrio judío actualmente de mayoría coreana).
Según recuerda Andrés, de pequeño vivía
en la Plaza San Martín, junto a la estación del Retiro.
Desde nene, Andrés estuvo cercano a la música. No
en vano, su cuñado, Carlos Núñez, era miembro
de Les Luthiers, que a veces ensayaban en su casa. Es así
como a los 8 años comenzó a juguetear con la batería,
que compró junto a su hermano Javier, aunque serían
los teclados a los que Calamaro se aficionaría más
tarde.
De niño a abuelo
Ya más adolescente, Andrés toma clase de piano con
Oswaldo Calo, el cual le orientó en sus primeras lecciones
como teclista, dejando de lado su afición por la batería.
Pasan los años y Andrés va aprendiendo a tocar cada
vez mejor los teclados hasta que a los 17 años, recomendado
por Sergio Makaroff, ingresa en una banda que mezclaba candombe
y rock, el grupo se llama Raíces
(Roberto Valencia en los teclados; Beto Santragni, bajista y voz;
Jimmy Santos en la percusión; Raúl Cuadros en la batería
y Alberto Bengolea en la guitarra). Calamaro sustituyó en
algunos conciertos a Roberto y acabó siendo parte de la banda.
Cuando dejó Raíces se metió a tocar en una
banda paralela a The Platters, con muchas canciones de este mítico
grupo en su repertorio. También formó parte de Elmer's
Band, de pseudo hippies que tocaban en directo con un estilo más
bien punk. También realizó varios jingles para la
radio que le dejaban un sueldo para ir tirando.
Sucedió algo que podía haber cambiado el curso de
la historia de Calamaro (o quizás sólo cambiarlo un
poco). Estuvo a punto de formar parte de Soda Stereo a través
de Hector Zeta, bajista de la banda, pero una inesperada oferta
de Miguel Ángel Peralta (Miguel Abuelo), líder de
Los Abuelos de la Nada, haría
que Andrés ingresara en esta peculiar banda. Los Abuelos
de la Nada, donde tocó Andrés, estaban formados por
Miguel Abuelo (voz), Cachorro Lopez (bajo), Gustavo Bazterrica (guitarra)
y Daniel Melingo (vientos). La aportación de Calamaro al
grupo fue notable, creando temas tan importantes como Mil
horas, Sin gamulán o
Costumbres argentinas.
Voy a salir a caminar solito...
Andrés decide dejar el grupo para dedicarse a otras labores
y empujado por su hiperactividad creativa, que ya se daba por entonces,
decide sacar su primer disco en solitario En 1984 sale al mercado
Hotel Calamaro, que tuvo escasa
acogida entre el público aun habiendo sido parte del éxito
brutal de Los Abuelos de la Nada. Aun así el album tiene
canciones que, aunque muy pop, dejaban entrever la facilidad para
la composición de Andrés. Temas como Fabio
zerpa tiene razón, Perdería
el corazón, Radio actividad
radial o el compartido con el Cuino Scornik No
me pidas que no sea un inconsciente son temazos que nos preparaban
para lo que vendría luego.

Para 1985, Calamaro edita su segunda placa que se tituló
Vida cruel, un disco de tintes
mucho más oscuros que el primero, destacando Vi
la raya, Acto Simple y el inédito
tema que se quedó fuera del disco por problemas técnicos,
Sobran habitaciones.
Aquí hacemos un paréntesis para contar que en el
tema Vi la raya, Ariel Rot participó
junto a Charly García en la grabación. Cuando Ariel,
en un nuevo periodo en España, volvió a Argentina
para preparar su tercer álbum (que nunca llegó a publicarse)
se puso en contacto con Andrés y éste colaboró
en las maquetas del proyecto (este esbozo incluía joyas como
Vicios caros o Na,
na, na). Después de ese intercambio de colaboraciones,
Ariel decide integrarse en la banda de Andrés, sustituyendo
a Julián Petrina, donde ejerció un cambio considerable
en el sonido. Pasaron un tiempo tocando hasta que en 1988 graban
el tercer álbum en solitario de Andrés Calamaro, llamado
Por mirarte, con un sonido
bastante más rockero y alegre que Vida
cruel y con grandes letras, aunque Andrés compartió
autoría de algunos temas con amigos como Ariel Rot, Soulé,
Scornik...
Y llegó la "mayoría de edad" con el discazo
que un año después, en 1989, salió al mercado,
llamado Nadie sale vivo de aquí,
donde Andrés firma todas las canciones y donde hay temazos
como Ni hablar, Señal
que te he perdido o el genial Dos Romeos,
que consagran a Calamaro entre los buenos oídos y hoy día
es considerado uno de los mejores discos de Andrés... pero
claro, el mercado mandaba y no tuvo mucho éxito, así
que Andrés decide irse a España a probar suerte...
era el comienzo de algo grande.
El salmón se cruza el gran charco
Ariel le propone a Andrés formar una banda, con el también
ex-Tequila Julián Infante y el batería Germán
Vilella, y sin pensarlo dos veces, Andrés aterriza en España
en septiembre de 1990 y nada más llegar empieza a ensayar
con Ariel Rot. Estaban naciendo Los Rodríguez
(el nombre salió de una conversación entre Ariel y
Andrés sobre palabras y expresiones españolas, tras
desechar el nombre de Los Locos por haber una banda con ese nombre,
salió esta expresión, que significa el hombre que
se queda solo en casa cuando su mujer y los niños se van
de vacaciones).
Sacaron dos discos geniales llamados Buena
suerte (1990) y un directo llamado Disco
pirata (1992), que no tuvieron apenas acogida entre el público,
pero con temas míticos como Mi enfermedad,
A los ojos, Engánchate
conmigo, etc. Ya se dejaba entrever que además de
ser un grupazo, iban a marcar una época en un periodo en
el que el rock en España iba cada vez a peor.

La explosión de Los Rodríguez vino en 1993 con un
nuevo discazo, Sin documentos
(1993), pero esta vez el hit Sin documentos
sonó con muchísima fuerza en todas las radios de los
dos lados del charco, hasta tal punto que Los Rodríguez empezaron
a hacer macroconciertos. No es para menos, casi todos los temas
del disco son maravillas. Destaquemos Sin
documentos, Dulce condena, 7
segundos, Salud (dinero y amor),
Me estás atrapando otra vez
o Mi rock perdido como temas de un
disco fabuloso que impulsó a la banda a estar entre los mejores
y a Calamaro lo consagraba como un letrista exquisito.
Parecía imposible superar a Sin documentos, pero dos años
después de la publicación de este álbum, Los
Rodríguez lo consiguieron... y vaya si lo consiguieron. El
álbum era Palabras más,
palabras menos (1995), con letras más profundas si
cabe (incluída la letra que Sabina les regaló, Todavía
una canción de amor). En este disco combinan canciones
adultas, como En un hotel de mil estrellas,
La puerta de al lado o Algunos
hombres buenos, con las más rockeras y potentes como
el ya mítico Mucho mejor, Palabras
más, palabras menos y el reggae pro-legalización
Aquí no podemos hacerlo. Un
álbum increíble.
La banda, como dijeron sus componentes, ya estaba quemada, incluso
desde el final de Sin documentos, y
tuvo que llegar a su fin. Los Rodríguez deciden separarse,
pero no sin antes dejarnos un éxtasis de todos estos años
regalándonos canciones. Hasta
luego (1996) reúne todos sus grandes éxitos
más algunas versiones de Mucho mejor
o la sublime acústica de Mi enfermedad,
otros temas en directo y dos demos geniales como son Cuanto
T has ido y La mirada del adiós.
Se fueron Los Rodríguez pero quedaron las carreras en solitario
de Calamaro y Ariel Rot que nos dejan con muy buen sabor de boca.

Hasta la victoria siempre, Comandante (Contracorriente)
Andrés, tras la separación de los Rodríguez,
emprende su carrera en solitario y no de cualquier forma. Se va
a Estados Unidos y con músicos de primera graba Alta
suciedad (1997), que se podría decir que es el primer
disco en solitario del nuevo Calamaro, aunque ya hemos visto todo
lo que lleva detrás. Este exitoso CD fue récord de
ventas en España y en Argentina con canciones cuidadas y
trabajadas como Todo lo demás
(primer tema compuesto tras la separación de Los Rodríguez),
Media verónica, Crímenes
perfectos o Nunca es igual y
con himnos como Flaca y Loco,
que catapultan a Andrés a ser uno de los mejores compositores
del rock hispano en todo el mundo.

Andrés llegó a vender cifras mareantes, lo pusieron
a un nivel de maestro. Lo más fácil habría
sido volver a la misma fórmula, disco de pocos temas y deliciosa
parte instrumental, pero Andrés, como decíamos al
principio, no suele hacer lo que se espera y cambia el método,
o si no lo cambia, al menos se vislumbra más lo que va a
hacer estos próximos años. Disfruta componiendo tanto
que lo convierte en un juego y lo hace sin parar.
En 1999 sale a la venta un doble CD de 37 canciones extraídas
de un repertorio de casi 100 temas. El disco se llama Honestidad
brutal (1999) y saca a relucir mucho del potencial de Andrés,
tanto como compositor musical como letrista, pasando por todos los
estilos, desde el rock hasta la bossa nova, desde el reggae hasta
el folk, incluso el blues. La crítica acabó rindiéndose
a sus pies y aceptando que Andrés Calamaro con su arriesgada
propuesta había creado un discazo considerado uno de los
más importantes de la historia del rock en castellano. Andrés
consiguió bastantes premios, realizó giras interminables
llenando estadios como el Gran Rex en Buenos Aires y vendiendo bastante
bien. Pero se dejaba entrever que en temas como Hay
o Prefiero dormir, Andrés se
metía un poco a experimentar, pero no demasiado... de momento.

Tras Honestidad Brutal, que fue una época increíble
de composición, Andrés se pasa un año entero
encerrado en casa, sin salir, sin ver diarios, prensa ni nada, en
un momento oscuro en el sentido personal y brillante en el sentido
compositivo. Asegura que pierde la cuenta de los temas que lleva
compuestos en todo este periodo y fruto de ello sale El
salmón (2000), 5 discos de canciones, versiones y
experimentales que hacen que los que alabaron tanto a Honestidad
Brutal sientan pereza de escuchar toda la obra y se la critique
duramente. Por otro lado están las alabanzas al estado musical
de Andrés, 103 canciones donde hay escondidas joyas interesantísimas
y donde todo su conjunto se puede considerar con el tiempo como
una obra maestra del rock.
El Salmón es el disco más
arriesgado de Andrés, nos sorprendió a todos a priori,
algunos torcieron el gesto escuchando algunos tracks, y otros muchos
dejaron el disco en una estantería a las primeras de cambio.
Pobres.
El salmón tiene un extraño poder que parece compensar
al que lo escucha más allá del primer disco o más
allá de las primeras semanas. Parece hechizarte y conseguir
que temas que te parecían extraños o poco escuchables
te atrapen, que realmente entiendas el método compositivo
de Andrés y acabes aplaudiendo emocionado esas canciones
sin estribillo. ¡103 nada menos! Un regalo para cualquiera.
Algún sector de los entendidos ha acabado rectificando y
alabando este macro trabajo de Calamaro, pero la gran mayoría
no se tomó la molestia de seguir escuchando.

Calamaro tras El salmón no para de hacer canciones con este
método, perdiendo la cuenta de cuántas llega a hacer.
Esta vez se une más que nunca a los poetas de la zurda, Marcelo
Scornik y Jorge Larrosa, con el primero haciendo canciones políticas
y de tintes oscuros y con el segundo creando temas carcelarios y
de idioma lunfardo difícilmente entendibles por profanos
en la materia. La temática amorosa se esconde un poco para
dejar paso a otros temas algo más duros y menos tocados.
Andrés pone la primera piedra para lo que iba a ser un ejercicio
de generosidad, o quizás necesidad, consigo mismo para mostrar
temas y regala 19 temas inéditos a la web Deep
Camboya. Algunos de ellos, aunque raros a la primera escucha,
se convierten en temazos con el paso del tiempo, "el efecto
salmón" (La libertad, El
tilín del corazón, Pasodoble
noble, Palabras...). Temas con
buenas letras, y grabados en el cuatro pistas.
Era el comienzo de una larga y estrecha colaboración con
internet de Andrés, primero cediendo temas a Camisetas
para todos y después participando y renovando la suya
propia, www.Calamaro.com, y creando algo novedoso: Radio
Salmón Vaticano, una especie de radio online donde
cuelga muchos temas inéditos, desde versiones hasta instrumentales,
contando con temas propios experimentales y lindos y hasta alguna
colaboración, como la que hace con Diego el Cigala.

El regreso post-salmón
Por estos lugares flamencos, llega a la vida de Andrés un
tipo muy especial: Javier Limón. Un excelente productor que
lo hizo muy bien con gente como Paco de Lucía. Calamaro,
tras un concierto de Jerry González, conoce a una serie de
músicos que marcarían claramente sus dos siguientes
discos de estudio. Comandado por Javier Limón y con la guitarra
del Niño Josele, deciden grabar El
cantante, un disco que en principio iba a ser de versiones
sudamericanas, pero que finalmente, quizás a regañadientes
de Calamaro, albergó también tres canciones "camboyanas":
Las oportunidades, La
libertad y el single, la majestuosa Estadio
Azteca. Comandado por Javier Limón y con unos músicos
envidiables, que ya habían tocado con los grandes ases del
flamenco, Calamaro empezó a grabar El
cantante, con un método totalmente contrario al que
frecuentaba. Lo planteó como una jornada laboral, de 10 de
la mañana a 3 de la tarde, en los estudios Musiquina
(propiedad de Javier Limón, llamados ahora Casa
Limón). El disco cuenta con versiones maravillosas
como El cantante, el Volver
de Gardel, o Algo contigo. Se pondría
a la venta en el 2004.

En 2005 pasaría algo que daría un aire importante
a la carrera de Calamaro: vuelve a Argentina. No solo vuelve, sino
que decide reencontrarse con amigos y músicos que habían
pasado por su vida y hacía tiempo que no visitaba. Calamaro,
hemos de aclarar, hacía años que no pisaba un escenario
y por algunos momentos se consideraba ex-músico. De las reuniones
con Los Auténticos Decadentes, Juanse de Los Ratones Paranoicos,
Pappo... surgió una que sería muy especial. Tras subir
al escenario colaborando en algún tema con ellos en el festival
de Gessel, los chicos de la Bersuit Vergarabat propusieron a Andrés
tocar con ellos en el Cosquín Siempre Rock, un festival en
Córdoba, Argentina. Calamaro aceptó por el entusiasmo
de los Bersuit y, aunque no acabó demasiado contento con
el concierto, significó el verdadero regreso a los escenarios.
Regreso que quedaría refrendado en una serie de conciertos
en el estadio Luna Park de Buenos Aires, donde se grabó el
audio de uno de los recitales y se realizó con él
lo que sería El regreso,
el primer disco en directo de Calamaro, que además fue galardonado
con, nada más y nada menos, que cuatro Premios Gardel, incluído
el de Oro al mejor álbum del año. A estos conciertos
les seguirían unos cuantos más en España con
la Bersuit y cierra el año en el estadio de Obras, en Buenos
Aires, en un concierto multitudinario.

Durante 2005 Calamaro vuelve a trabajar con Javier Limón.
En su idea de realizar un disco completo de versiones, ambos barajaron
la idea de hacer un disco completo de tangos. Y así fue como
nació Tinta roja (2006),
junto con el Niño Josele a la guitarra pura y Juanjo Domínguez,
otro académico argentino. A este disco le siguió una
gira por España con algunos músicos de Paco de Lucía,
por supuesto, comandados por el Niño Josele. Conciertos emocionantes
para cerrar con broche de oro esta estapa de versiones.

Andrés Calamaro también cumplió el sueño
de varios seguidores que le habían conocido tras Los Rodríguez,
se volvió a juntar con la otra parte pesada del grupo: Ariel
Rot. Una serie de conciertos por España que comenzaron en
Valladolid con una banda de auténtico rock, donde se encontraban
algunos ex músicos de Andrés como Candy Avelló
o el Niño Bruno, fueron una excusa para volver ver a dos
Rodríguez tocando juntos, codo con codo. Si algo quedó
claro en esos conciertos es que el repertorio de ambos a lo largo
de los años ha dado para mucho.
En 2006 se edita un DVD en directo, Made
in Argentina, esta vez, grabado en el Obras, en diciembre
de 2005. Un concierto espectacular con canciones que no había
incluido antes en ningún otro repertorio como Output-Input
o La parte de adelante. Fue grabado
con la Bersuit como banda y con Vicentico y Litto Nebbia de invitados.
El DVD venía acompañado de un CD que resumía
la gira de tres conciertos que realizó en noviembre de 2005
por España.
Sería con Litto Nebbia, el mítico cantante de Los
Gatos, grupo pionero del Rock argentino, con quien Calamaro grabaría
en 2006 El palacio de las flores,
que saldría a la venta en noviembre de ese mismo año.
En él, Calamaro vuelve al método compositivo y revisita
algunas cosas que tenía en el armario. Corazón
en venta, Patas de rana, Mi
bandera o la declaración de principios de El
tilín del corazón, son algunas de las canciones
que componen este disco, con el que Calamaro vuelve a la publicación
de nuevas canciones. Una música elegante y exquisita y unas
letras muy argentinas y arriesgadas nos preparan para llevarnos
al palacio y cerrar un 2006 cargado de trabajo, que se cerró
con unos conciertos con Ariel Rot en Argentina, repitiendo lo vivido
meses antes al otro lado del charco.

Los éxitos cosechados en 2006 se ven recompensados, tanto
en su natal Argentina como en España, con premios otorgados
por sus compañeros de profesión. En marzo de 2007
recibe, de esta forma, el galardón que lo acredita como Personalidad
del Año 2006 en Argentina, en una gala en la que estuvo acompañado
por amigos como Vicentico, Juanse o Fito Páez. A su vez,
en España, se otorga a su disco de tantos Tinta
roja el Premio de la Música en España, en la
categoría de "Mejor álbum de música tradicional".
Durante esa primavera realiza la grabación del que será
su siguiente álbum, La lengua
popular (2007), reuniéndose con su ex compañero
en Los Abuelos de la Nada Cachorro López, que actúa
como productor del disco y compone la música de varios temas
junto a Andrés. Con este disco, Andrés confirma su
buen momento, sin duda uno de los mejores de su larga carrera, con
temas como Los chicos, Mi
gin tonic, La mitad del amor
o el primer single, 5 minutos más (minibar).
Antes de publicar el disco en septiembre, realiza una serie exitosa
de conciertos en el verano español junto al grupo Fito &
Fitipaldis, en una gira multitudinaria que reunió a más
de 100.000 personas en tan sólo cinco conciertos.

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