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Puedes descargar el concierto en audio aquí.
Datos técnicos
Concierto celebrado en Cosquín (Argentina),
dentro del Festival Cosquín siempre Rock, ante unos 20.000
espectadores. Andrés cerraba el segundo día del festival,
el 12 de febrero de 2005, sobre las 00:50 de la noche.
Andrés Calamaro, en teclados y voz, acompañado por
Juan Carlos Subirá en teclados, Óscar Rigui y Víctor
Valenzuela en guitarras, Pepe Céspedes en bajo, Carlos Martín
en batería, Sebastián Pangusi en percusión
y Daniel Suárez y Carlos Sbarbati en coros.
Repertorio
El salmón
Tuyo siempre
Te quiero igual
Clonazepán y circo
Para no olvidar
Los aviones
Paloma
Vigilante medio argentino
Mi enfermedad
La libertad
Media verónica
Flaca
Una bomba
Crímenes perfectos
Copa rota
Ok perdón
Cosquín Siempre Rock '05
Nos volveremos a ver
Días distintos
Costumbres argentinas
Estadio Azteca
No se puede vivir del amor
Crónicas
Después de seis años sin presentaciones solistas
en vivo, durante los cuales realizó una obra monumental (El
salmón), a priori alejada de la masividad y el efectismo
en las ventas, seguida de un largo silencio suspendido con la aparición
del ilegal Deep Camboya y El
cantante, Andrés Calamaro volvió a los escenarios
en el marco de la segunda edición del Cosquín
Siempre Rock, realizado en la plaza Próspero Molina,
típica anfitriona de festivales folclóricos en la
provincia de Córdoba.
La ansiedad de las casi veinte mis almas que hacían equilibrio
para ganar algunos pasos adelante, y que volvían evidente
la admiración por Andrés con remeras que superaban
en cantidad a las de bandas como A77aque o Intoxicados, se encontró
con un Calamaro algo distinto al recuerdo-imagen que -en general-
se tenía de anteriores recitales. En primer lugar, Calamaro
apareció (con camisa amarilla, pantalón de vestir
y chaleco negros) ya dispuesto frente a los teclados sin promover
esa entrada suntuosa a la que suelen estar acostumbradas las figuras
de su calibre. También sorpendió a muchos que Andrés
no usara en todo el concierto los característicos lentes
oscuros, que para algunos son una insginia del ex Abuelos de la
Nada junto al porro. En cambio, y destacando aun más la exhibición
de los esforzados ojos de Andrés, todos los miembros de la
Bersuit combinaban la elegancia de su vestuario con llamativos anteojos
de sol.
Como aquellos amigos, con los que uno puede estar sin hablarse
durante meses sin que el paso del tiempo afecte la relación,
la potentísima apertura de Andrés con El
Salmón inició una conexión entre el
músico y su público que no sufrió bajas en
ningún momento de las casi dos horas que duró el show.
Y quizás sea ese uno de los principales factores que lo hacen
tan singular a Andrés en una época en que casi todas
las bandas nuevas del rock nacional imitan algún aire suyo:
y es que pareciera que todas sus canciones son hits. Ninguna se
destaca demasiado por sobre las otras, sino que mantienen una especie
continuidad que las hace interdependientes. Y no hubo tema que la
gente no supiera cantar el sábado porque hasta resultaría
inútil jerarquizar las obras de quien se ganó el premio
al más prolífico y mejor gestualizador a la hora de
cantarlas.
Además de verlo con su instrumento más entrañable,
los teclados, aquel que le aseguró un protagonismo inesperado
en Los Abuelos de la Nada, fueron varias las pistas que el sábado
dejaron entrever que El Salmón está pasando por un
momento de autenticidad y tranquilidad interior. Y no es mentira
ni exageración que Andrés parece más entusiasmado,
sonríe con mayor frecuencia, genera mucha complicidad con
su público (el sábado -por ejemplo- se tomó
un momento para saludar y agradecer a un discapacitado que estaba
en las primeras filas) y -por momentos- parece sorpendido de su
propia popularidad, que en Cosquín parecía no tener
límites.
Ese reconocimento al público quedó demostrado en continuos
agradecimientos y un repertorio sustancioso en el que no faltaron
las bellísimas Paloma, Crímenes
perfectos, Media verónica
y Los aviones ni las efectistas Flaca,
Cosquín Siempre Rock '05 y Para
no olvidar, ganándoles todo el territorio a los covers
y haciendo desaparecer por completo el muy contagioso inglés
de Calamaro.
Decididamente, en un concierto impecable, los puntos más
altos estuvieron en la ejecución de algunos temas de esa
inestimable obra que se extiende por cinco discos y que hasta ahora
no se había podido disfrutar en directo. La conmovedora atmósfera
de intimidad en Tuyo Siempre, la ironía
aguda al mejor estilo Calamaro en Vigilante medio argentino y esa
capacidad para encontrar aquello inexpicable, fatal y hermoso que
tiene toda relación en Nos volveremos a ver (cantada como
primer bis) confirmaron, junto a la sorprendente versión
de una Copa rota con ritmo cuartetero
y La libertad, dedicada al motín
de los presos de Córdoba, que Andrés Calamaro es el
más diferente de entre los más populares y queridos
músicos.
Así, con la colaboración de una de las bandas que
mejor suenan y más mueven gente hoy por hoy, y en un marco
impensable para Andrés pocos años atrás, El
Cantante demostró que para nadar contra la corriente también
hay que ser honesto. Palabras más, palabras menos, ya lo
dijo Dylan en Blonde on Blonde: To live outside the law, you
must be honest.
Por Juan Pablo Bertazza
para Camisetas para todos
Otras crónicas:
Un
recital por la libertad por Fabián García,
Clarín
Miscelánea
Entrada
(gracias a Fernando Arias)
Fotos
Fotos de distintos medios
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