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Datos técnicos
Concierto celebrado en el Luna Park de Buenos
Aires (Argentina), el miércoles 20 de abril de 2005,
ante 7000 espectadores. Unas dos horas de concierto aproximadamente,
que empezó a las 21:00 horas.
Andrés Calamaro, en teclados y voz, acompañado por
Juan Carlos Subirá en teclados, Óscar Rigui y Víctor
Valenzuela en guitarras, Pepe Céspedes en bajo, Carlos Martín
en batería, Sebastián Pangusi en percusión
y Daniel Suárez y Carlos Sbarbati en coros.
Invitados: Gustavo Cordera, Javier Calamaro, Andrés Ciro
(Los Piojos), Juanse (Los Ratones Paranoicos).
Repertorio
El cantante
El salmón
Te quiero igual
Tuyo siempre
Las oportunidades
Clonazepán y circo
Para no olvidar
Los aviones
Crímenes perfectos
La libertad
Estadio azteca (con Gustavo Cordera)
Nueva zamba para mi tierra (con Gustavo Cordera)
Mi caramelo (con Gustavo Cordera)
Vigilante medio argentino
Nos volveremos a ver
Media verónica
No me nombres (con Javier Calamaro)
Desconfío (con Juanse)
El tren de las 16 (con Juanse)
No se puede vivir del amor (con Andrés Ciro)
Loco
Luna Park '05 (con Andrés Ciro)
Flaca
Paloma
Mi enfermedad
Costumbres argentinas
Crónicas
La historia dirá que, después de esa inapreciable
copa que calmó seis años de sequía sin verlo
a Calamaro en vivo, y que teniendo en cuenta el marco folclórico
y popular donde se dio puede catalogarse como una ración
de vino cordobés; el más varón del rock argentino
colmó en tres funciones consecutivas la capacidad del Luna
Park. De la misma forma, las crónicas se preocuparán
por la lista de temas cantados, por el aspecto físico y mental
de Calamaro, por las canciones dejadas de lado, y por los invitados
que compartieron el escenario.
Sin embargo, qué difícil le es al discurso periodístico,
tan bastardeado por su búsqueda permanente de objetividad
y por los reveses que suele sufrir la memoria, revelar lo que pasó
durante esos tres días de El Cantante.
Mi propósito se va a reducir al último día
de concierto, es decir, al 20 de abril de 2005. El recital empezó
un poco más tarde de lo previsto (21 hs) y se extendió
hasta poco menos de las 11 de la noche. Hasta ahí, las semejanzas
con lo que pasó en Cosquín no fueron pocas: un Calamaro
distendido, sin anteojos de sol, sí es cierto que alejado
de la verborragia anfetamínica pero no tímido: de
hecho su figura no hacía recordar para nada al mito del artista
inhibido que no puede fijar los ojos en su público. Andrés
miraba y dirigía constantes gestos a las miles de personas
que llenaron el Luna. También se repitió la formación
bersuitera, ganadora del Gardel de oro, que en el escenario Atahualpa
Yupanqui acompañó con bastante tacto a Andrés,
como así también muchas de las canciones interpretadas.
Lo distinto, en este juego de semejanzas y diferencias, fue la
aparición de temas como Las oportunidades
(¿cómo explicar por qué a Calamaro le queda
bien hasta la palabra sabandija en "el
tiempo: tremendo invento sabandija"), Nueva
zamba para mi tierra y la hermosa (desde que conozco la versión
de Andrés, por supuesto) Mi caramelo.
Esta última ya con la Bersuit completa, y en el hábitat
de un acústico entre Cordera y Andrés casi desbordando
el escenario. Los invitados -entonces- fueron otra de las sorpresas
que albergó el Luna y que se contrapuso a ese recital tan
calamarocéntrico (sin covers y sin micrófonos para
nadie que no fuera el Salmón) de aquel verano en Cosquín.
Y lo que dejó en claro la presencia de los invitados: Juanse,
Andrés Ciro, Javier Calamaro y Gustavo Cordera, es que el
título del último disco del ex abuelos - a primera
vista, elegido con cierta ligereza- define muy bien lo que es Calamaro.
Se suele pensar que la máxima categoría es la del
compositor, aquel que transpira sus canciones, que sublima sus experiencias
en arte; en detrimento de la figura del cantante, aquel que -en
el mejor de los casos- compra claramente su repertorio para explotar
su habilidad vocal. El cantante viene
a problematizar todo esto: Calamaro es cantante en el sentido de
que es más que un compositor. Es un subgénero musical,
una raza, una escuela poética entre vanguardista y clásica:
la verdadera influencia del rock nacional. Sólo así
puede entenderse cómo artistas de talla menor como Juanse
y Ciro cobran brillo al lado del Salmón, un astro que -además
de tener luz propia- no escatima luz para los demás. Y es
que Juanse, con su obsoleto look rolinga que -por ejemplo- lo hizo
gritar un tanto desaforadamente rock and roll antes de tocar El
tren de las 16, con el respaldo de la pose y la voz de Calamaro
no molesta, y hasta queda bien. Ciro, volviendo piojosa una versión
de Luna Park '05 (siempre con la presencia
de Andrés) parece talentoso y hasta original. Hasta Pappo,
(se rindió homenaje en sus canciones Desconfío
y la nombrada El tren de las 16) que,
quién se atrevería a discutirlo, hizo las letras más
pobres del rock nacional, -a la luz del recuerdo de Andrés-
parece de verdad ser el protagonista del mito del creador del blues
argentino.
Eso es lo que hace el cantante: generar la armonía para
que los otros cantos suenen bien, transformar el carbón en
diamante. Un compositor de la hostia que se hace llamar cantante,
es quien, en un acto de parresía y compromiso y luego de
ser recientemente absuelto por hacer apología de la droga
(es obvio que Andrés hace apología de la droga: en
este caso no se cuestiona al pecador sino al delito: ¿por
qué habría de estar mal hacer aplogía de la
droga?), se despacha con un: "Los invito
a la marcha global por el fumo. No sólo para nosotros, los
fumadores, sino para todos aquellos que simpaticen con el fumo".
El cantante más que compositor es aquel que cita coplas
del Martín Fierro, que versiona una canción aparentemente
patriótica como Zamba de mi tierra,
y que, con todo eso, se salva de ser nacionalista. Lejos de generar
un clima moralizante, lo que intenta es mostrar la increíble
belleza de esas experiencias populares.
Haciendo referencia a ese Blood on the tracks
2 que es H.B., después de cantar Paloma
(de paso, otra pregunta: ¿hay estrofa que refleje mejor el
riesgo que implica empezar un amor que aquella que dice: "Mi
vida fuimos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a
quedar volando a la deriva"?) Andrés dijo: "Qué
loco; que canciones que -en algún momento- para
mí fueron tan oscuras, hoy ustedes las canten con tanta alegría".
Palabras del cantante que en una noche de Luna Park llena me hizo
venir a la cabeza una frase maravillosa de Dylan Thomas: "The
highest hymns of the sun are written in the dark".
"Para Malena"
Por Juan Pablo Bertazza
para Camisetas para todos
Miscelánea
Libreto
de los conciertos (exterior) (gracias a Fernando Arias)
Libreto
de los conciertos (interior) (gracias a Fernando Arias)
Fotos
Fotos de webelsalmon.tk
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