Datos técnicos

Concierto celebrado en el Luna Park de Buenos Aires (Argentina), el sábado 30 y el domingo 31 de mayo de 2009, ante más de 7000 espectadores en cada una de las fechas. 2 horas de concierto, aproximadamente.

Andrés Calamaro en guitarra, percusión, armónica y voz, acompañado por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra, Geny Galo Avello en guitarra, Tito Dávila en teclados, Candy "Caramelo" Avello en bajo y José "Niño" Bruno en batería.

 

 

Repertorio

La parte de adelante
Carnaval de Brasil
Mi gin tonic
Donde manda marinero
Media verónica
Todavía una canción de amor
Elvis está vivo
Para seguir
Todo lo demás
El día de la mujer mundial
Los aviones
Jugar con fuego
Los mareados
El novio del olvido
Copa rota
Estadio Azteca
Jam on session
El salmón
Los chicos
Tuyo siempre
A los ojos
Días distintos
Me estás atrapando otra vez
Crímenes perfectos
Me arde
Alta suciedad
Paloma
Canal 69
Volver
Flaca

 

 

Crónicas

Y sí, algún día me iba a tocar. Como sea, el día que sea, con quien sea, pero tenía que ir. Y vaya que fui. Y canté. Si, canté a los gritos. Y salté, me emocioné. Y aplaudí. Mucho. También me imaginé, o pensé, cómo podría llegar a empezar el repertorio. Y perdí, porque realmente me sorprendí con el primer tema, pensando que iba a ser uno de los clásicos de siempre. Me sorprendí con él, ahí, tan cerca pero a la vez tan lejos.

Y pensé: ¿En qué momento lo conocí a este tipo de rulos, con esas canciones tan hermosas, tan exactas y dispersas al mismo tiempo, tan descriptivas y tan hermosas? Y no logré acordarme, o mejor dicho tratar de revivir ese momento. Para cuando más o menos me había acordado, el de rulos ya estaba parado frente al micrófono con su torocaster colgada, sus anteojos negros y su impecable y a la vez tan rockstar traje, también negro.

Cuando caí en la cuenta que ese día era 30 de mayo, sábado, y que estaba en el Luna Park, inmediatamente después olvidé a qué había ido, fue como si se me pusiera la mente en blanco, o en negro, no me acuerdo. Ahí fue cuando recordé, cuando lo vi a él saliendo, altanero y humilde, gigante y poderoso, al micrófono ubicado en el centro del escenario. Cuando sonaban los primeros acordes del primer tema de la primera vez que lo veía a Andrés Calamaro en el Luna Park. La parte de adelante estaba ahí, Andrés, Candy, Tito, Julián, Geny, Diego y José estaban ahí, a escasos 5 metros mío. Y yo lo único que hice fue aplaudir, y pensar: Luna Park, Andrés, acá estamos ¿qué tienen para darnos? Y fue lo único que hice, cantar, disfrutar como nunca de semejante recital, pensar, cuando escuché Para seguir, qué razón tiene este hombre, que canta Ya estoy yo para grandes canciones / para revelar emociones, para gloria matinal. Ahí, a lo único que atiné fue a asentir con la cabeza, como diciendo: si, tenés toda la razón. Y, es que la tiene.

Cuando salí, completamente atónita y maravillada del Palacio de los deportes porteño, llegué a la conclusión de que Andrés, de alguna forma que sólo él conoce, con una fórmula o algo por el estilo, se mete, se intromete en nuestros sentimientos y los revisa, los mezcla, los investiga o simplemente los mira, para llegar a hacer esas canciones, que describen más y mejor que nosotros mismos, nuestros sentimientos. De los buenos y de los malos, de los lindos y de los feos. Y así es que caí en la cuenta de que por fin, de una buena vez por todas, lo había visto en el mismo lugar en el que 25 años antes, había estado con Los Abuelos de la Nada, y 5 años antes, estaba regresando el mismo Comandante que hoy estaba ahí parado, enfrentando al público como torero al toro, y este torero mitad argentino, mitad español, hoy, ganó. Y cómo. Por goleada, por afano, pero nos ganó a todos los que estábamos ahí sentados, enfrente suyo, esperando por una buena lección de música, de la buena. Y de un Calamaro que cada día canta mejor.

Y es que con sólo escuchar lo que fue el primer tema de la primer noche del alunizaje del Salmón, a cualquier ser humano viviente y con un poco de sensibilidad se le ponen los pelos de punta. Con sólo escuchar esa voz, combinada con esa letra, es inevitable emocionarse. Y eso es lo que hace La parte de adelante. Emocionar, y nada más que eso. Ah, y sorprender en el repertorio.

Aunque este repertorio se inclinó más a mostrar temas de los últimos quince o dieciséis años, esas canciones sonaban a nuevas, a recién sacadas del horno, o de los sentimientos de los que estábamos ahí sentados. También tocaron clásicos de Los Rodríguez, que fueron otras de las sorpresas de la banda.

Con Carnaval de Brasil y Mi gin tonic, de los más nuevos, de La lengua popular, Andrés mostró poco de lo anteúltimo, y aunque fue poco, fue bueno. Y muy.

Este es el turno de Alta suciedad, de mostrar un poco el lado sucio y consagrado de un Calamaro que tenía al público en el bolsillo desde antes de salir a escena. Todo el Luna cantó Donde manda marinero y Media Verónica, varios se emocionaron y esperaban un poco más de suciedad, que ya iba a llegar.

Y como un viaje en el tiempo, ahora Calamaro iba a la época de Los Rodríguez, pero sólo por un rato, para después volver. Y tocó impecablemente, con un público eufórico y emocionado Todavía una canción de amor. Brillante, a este tema, es poco.

Vuelta en el tiempo, a Alta suciedad, para cantarle al Luna que Elvis está vivo, y se escribe cartas con el que canta, que Bob Dylan también lo sabe, pero él es muy discreto y no dice nada.

Con los siguientes cuatro temas, Calamaro logró emocionar a todo el Luna, hacer cantar y aplaudir, a todos los que estábamos ahí. Empezó con una balada que lo describe casi perfectamente, esta vez desde El salmón, era Para seguir. Volviendo a Alta suciedad, con Todo lo demás también, Andrés ya había recorrido todo el escenario, de punta a punta, y también siguió viajando, yendo y viniendo, en el tiempo. De Alta suciedad, pasó a Honestidad brutal, con El día de la mujer mundial, con intro y final de Escalera al cielo, de Led Zeppelín, y el mismo Calamaro se mostraba emocionado. Siguiendo con Honestidad brutal, Los aviones y una versión con final en tono de salsa, dieron el paso al tramo tanguero del alunizaje.

Mientras los integrantes de la banda se iban, el público aplaudía y Andrés contaba que hacía unos años, en River estaban Los Rolling Stones y Bob Dylan tocando, mientras él estaba haciendo lo suyo en el Luna, y ese día Buenos Aires había sido la capital mundial del rock.

Jugar con fuego fue el primero de los tangos que interpretó, con Tito Dávila en el teclado, y Andrés cantando solo a lo largo del escenario. Siguió Los mareados, de Cadícamo, que lo cantó impecablemente bien, esta vez acompañado también por Diego García en una guitarra que le dio el toque justo de emoción a la canción.

Otra vez los músicos a escena, otra vez Alta suciedad, y Andrés es El novio del olvido, con una versión más rockera, pero más tranquila que la original.

Y siguiendo con el viaje en el tiempo, Calamaro vuelve a Los Rodríguez, con Copa rota, con Andrés cantando con y para el público, que estaba más que emocionado.

Otro de los momentos más que fuertes, fue la interpretación de Estadio Azteca, donde se escuchó más al público que al propio Andrés.

Era el turno del clásico de siempre. De ese tema que describe a Calamaro casi a la perfección. A capella, sólo con la batería del Niño Bruno, empezaron a entonar la primer estrofa de El salmón. Cuando arrancó la música, el Luna Park era una sola voz, entre la que se podía escuchar la de Calamaro. Ahora volvía a La Lengua Popular, casi sin terminar con el tema anterior, le pegó Los chicos, otro tema más que coreado y ovacionado por el Luna.

Cuando sonó el primer acorde de Tuyo siempre, todo el Luna estaba bailando, cantando y festejando las ocurrencias del frontman de la noche, cuando exclamó "Cumbia y Sarmiento".

Silencio. Andrés se cuelga la torocaster. Y comienza a sonar un tema de Los Rodríguez, otro de los más coreados. A los ojos. Y como si nada, Calamaro pasó a Días distintos, para seguir con la fiesta del Luna.

Como si Calamaro jugara con una máquina del tiempo, volvió a Los Rodríguez, con Me estás atrapando otra vez, para volver a emocionar al público, y que cante con él. Ni bien terminó, comenzó con Crímenes perfectos, que el público se encargó de hacerle notar a Calamaro que ese tema es más que emotivo.

Silencio, algún que otro grito para Andrés, que se cuelga la torocaster nuevamente. Volvemos a Alta suciedad, con Me arde y Alta suciedad casi juntos, como si fueran un solo tema. Y huele a adiós, a hasta diciembre. Pero faltaba un clásico del público, que no tardó en llegar.

Vuelve a Honestidad Brutal, al más recóndito tema del primer disco. Paloma. Y todo el Luna cantando, emocionado, sacando fotos, con un celular, cámara de fotos o la propia retina. Andrés agradece, saluda y se va. El público aplaude incansablemente, pero Andrés se va igual.

Cinco minutos, seis, después, aparece la banda de nuevo. Y como por arte de magia, de Honestidad Brutal, pasamos a Los Rodríguez, con Canal 69 y todo el Luna cantando, emocionado, feliz y satisfecho.

Silencio, un teclado de fondo, Andrés cantando a capella Volver. Inmediatamente después, suena la introducción de Flaca. El público haciendo los saxos, simplemente con la voz, que le da mucha más emotividad a una canción tan simple como hermosa, de Alta suciedad.

Y ahora sí. Calamaro vuelve a agradecer, camina por todo el escenario, se abraza, estira las manos, como agradeciendo a su público, se saca los anteojos negros que sólo se sacó dos o tres veces en toda la noche, y desaparece por el costado del escenario. Capaz fue a seguir metiéndose en nuestros sentimientos, o algo así.

Por Agustina Cordo
para Camisetas para todos

 

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Comentarios AC

sweet home buenos aires !!

Segundas partes ; creo que hoy (noche) domingo fuimos mas dominadores, que salimos con mas resto, con mas control de todo y de la inspiracion (sutilmente), que la jam session fue mas caliente, que domine mejor la guitarra, que llevamos un poco mas alto lo que intentamos hacer, todos estamos agradecidos, y sabemos la suerte que tenemos, por (de) hacer esto que elegimos, hacerlo hace tanto tiempo y seguir haciendolo, y mejorandolo un poco cada dia, incluso de un sabado a un domingo.

que estuvimos mas cerca del cielo ! y eso que verlos a todos entregando lo mejor de su alma, eso es mucho mas que "triunfo pasajero" , que aplauso, que gloria bendita, es la alegria de vivir potenciada, es algo que nadie se atreveria a soñar hasta que lo vive, como nosotros este fin de semana : Gracias !

(pues parece que el domingo los angeles estaban ahi con nosotros, recibo algunos comentarios, y ya habia escuchado algunos in situ, aunque el sabado me parecio mejor que correcto y llegue a emocionarme, todo indica que el domingo una cierta magia sobrevolaba el galpon sagrado, y elevamos los espiritus mal alto, de todos modos mi gratitud esta intacta y la debo integra a aquellos que vinieron el saturday fever, esa noche fria cuando nos abrigamos al calor de nosotros, el sabado anecdotico cuando popes de la masividad rockera prometian separarse o sentaban precedente de seguir unidos ; nosotros ... sigamos juntos !)

las palabras se quedan cortas, que "suerte" tenemos por conseguimos en (con) la musica & con el publico (mas que un publico), que privilegiado conjunto de cosas ; sensaciones, reacciones, guitarras, canciones reinterpretadas, dinamica de concierto que ya no busca evitar la dispersion de una multitud, que se permite una secuencia-guion con musicalidad, con sensibilidad y xtc ; que momentos que solo pueden entenderse siendo parte de ese (mas que) publico que estaba hoy (esta noche) en el luna, o de privilegiados actores, los que hacemos lo nuestro desde arriba, detras, a los costados del escenario, y desde el mangrullo de las luces y el sonido, mezclando para la radio, o manejando los hilos de la organizacion, los traslados, los invitados, la comida & el calentador para el mate ... y el pollo

Andrés Calamaro

 

 

Miscelánea

Entrada (gracias a Agustina Cuello)

 

 

Fotos

Fotos de Guido Adler, Segismundo Trivero, Rock & pop, Maru Ferrando y Agustina Cuello