Datos técnicos

Concierto celebrado en el Palacio de los Deportes de Madrid (España), el viernes 18 de noviembre de 2005, ante unos 14.000 espectadores. Unas dos horas de concierto aproximadamente, que empezó a las 22:00 horas

Andrés Calamaro en teclados y voz, acompañado por Juan Carlos Subirá en teclados, Óscar Rigui y Víctor Valenzuela en guitarras, Pepe Céspedes en bajo, Carlos Martín en batería, Sebastián Pangusi en percusión, Daniel Suárez y Carlos Sbarbati en coros y Martín Pomares en guitarra adicional.

Invitado: El Niño Josele.

 

 

Repertorio

El cantante
El salmón
Te quiero igual
Tuyo siempre
Las oportunidades
Clonazepán y circo
Los aviones
Crímenes perfectos
Loco
Vigilante medio argentino
La libertad
Por una cabeza (con Niño Josele)
Sur (con Niño Josele)
Estadio Azteca (con Niño Josele)
Me estás atrapando otra vez
Para no olvidar
Desconfío
Nos volveremos a ver
Media verónica
No se puede vivir del amor
Ok perdón
Alta suciedad
Flaca
Paloma
Mi enfermedad (con Ariel Rot)
Sin documentos (con Ariel Rot)

 

 

Crónicas

Viernes 18 de noviembre. Madrid, Palacio de los Deportes. Tercera y última cita (esperamos que no pasen otros seis años hasta que deje de serla) de Andrés Calamaro en España.

La gente desde esa mañana ya se hace notar en los alrededores del lugar del evento. A medida que se acerca la hora, la gente se va agolpando cerca de las puertas. No es para menos, se han agotado absolutamente todas las entradas y la gente que no tiene sitio reservado quiere ver lo más cerca posible al argentino. Hoy es fácil ver por Madrid camisetas de Calamaro, Argentina y todo lo que esté relacionado con el acontecimiento.

Puntuales, cuando ya las colas eran bastante considerables, se abren las puertas y comienzan las carreras que se vivieron, aunque con menor intensidad, en las dos citas anteriores de Donostia y Barcelona. Una vez dentro, la gente se va acomodando y empieza a esperar lo que se convertirá un par de horas más tarde en uno de esos conciertos inolvidables que no se van nunca de la cabeza.

La espera acabó sobre las 22 horas, cuando Andrés, secundado por la Bersuit Vergarabat, pisó el escenario entre tremendas ovaciones. Poco podía oírse más que los tremendos gritos de admiración que no cesaban, hasta que las primeras notas de El cantante marcaron el comienzo, que fue seguido por El salmón entre los coros de las 14.000 personas congregadas. Andrés parecía cómodo sobre el escenario. Los dos conciertos anteriores le habían proporcionado el empujoncito de confianza que le podía faltar y el apoyo del multitudinario público le llevó en brazos hasta completar, como en anteriores ocasiones Te quiero igual, Tuyo siempre y Las oportunidades.

Todo continuaba perfecto, tanto en el escenario, como en el público. Entre ese público, invitados de excepción: Jaime Urrutia (que se llevó una tremenda ovación al ocupar su sitio antes de comenzar el recital), Carlos Tarque, Fernando Redondo, Marcelo Champanier, Juan Aguirre… Ellos y los demás asistentes comprobaron que Calamaro está en forma, bordando Clonazepán y circo, Los aviones y, sobre todo, la siempre maravillosa Crímenes perfectos. La coreada Loco sirvió de preludio para una representación soberbia de Vigilante medio argentino y la calidez y ternura de La libertad.

Tocó el turno entonces de la elegancia a la guitarra del invitado de la noche, el Niño Josele. Ariel, a pesar de haber asistido a los otros dos conciertos, esta vez tenía un compromiso y no pudo acompañar a Calamaro en la cita madrileña. La banda salió del escenario para ofrecérselo entero a la guitarra magistral de Josele. Andrés cogió su libro de letras, se sentó junto a él y emocionaron al público con dos soberbios tangos: Por una cabeza y Sur. Fue uno de los momentos importantes de la noche. Las notas volaban por el Palacio de los Deportes mezclados con la voz pletórica de un Andrés sobre el que se vertieron muchas dudas en los últimos años, pero ha callado muchas bocas demostrando ser el mismo de siempre… o mejor.

No dejó el escenario el Niño Josele para acompañar a Andrés, esta vez con toda la banda sobre el escenario, en Estadio Azteca, que fue recibida por el público con gran entusiasmo. Después de ella abandonó el escenario el genio gitano para dar paso a dos temas evocadores de tiempos pasados. Me estás atrapando otra vez y Para no olvidar hicieron a todos recordar vivencias de otros años, de un tiempo en el que Los Rodríguez marcaron un antes y un después en la música. No acabaron ahí los momentos de recuerdos entrañables, de alegrías y secretos, pues Desconfío hizo recordar a Pappo Napolitano, en el maravilloso blues que un día nos brindó, tal vez sin saber que una multitud lo cantaría lejos de su país natal, acompañando a un Andrés Calamaro entregado a su público y que le ha dedicado tantas muestras de afecto tanto en vida, como ahora que se ha ido. Tal vez por eso era necesario que el siguiente tema fuese Nos volveremos a ver.

La magistral Media verónica nos dejó con la boca abierta, la irónica No se puede vivir del amor nos hizo bailar, el dulce reproche de Ok perdón nos trajo a la mente situaciones similares que nos pasaron a todos alguna vez.

Todo eso hasta que en Madrid '05 no se pudo pensar en nada más. Un auténtico derroche de energía fue el que se vivió en ese tema. Quien tuviera algún prejuicio con esa canción, se le quitó de golpe, porque Andrés nos brindó una interpretación asombrosa. Quitándose todo el miedo escénico al que alguna vez aludió, cogió el micrófono y junto a los coristas Daniel y Carlos se recorrió el escenario, regalándonos incluso divertidas coreografías. Madrid estaba a sus pies, y Andrés lo sabía agradecer. Un público entregado merecía un artista entregado, y la correspondencia fue brutal. Hizo vibrar, quedarse afónico, saltar y bailar a 14.000 personas, y eso no puede hacerlo cualquiera.

La tranquilidad, la ternura e incluso las lágrimas llegaron justo después. Flaca, con un coro multitudinario desde pista y gradas en una intensa interpretación, sirvió de anticipo para la siempre eterna Paloma. Al igual que en San Sebastián y Barcelona, el público se volcó con este tema, que sale de sus cuerdas vocales y va directo al corazón. Poco se puede decir que no se haya dicho ya de esta canción, que en directo pone los pelos de punta aun más si cabe.

Tras Paloma, entre aplausos ensordecedores y gritos, Andrés y la Bersuit saludaron al público. La noche mágica llegaba a su fin. Quizás ni el propio Andrés imaginaba ese recibimiento en Madrid, seis años después. Tras las muestras de agradecimiento al público y sin abandonar el escenario, volvieron a sacar del baúl dos clásicos de Los Rodríguez que fueron celebrados enormemente por el público: Mi enfermedad y Sin documentos.

Tras dar las gracias y despedirse, los músicos abandonaron el escenario entre sonrisas. Habían llegado a la última estación de la gira en perfectas condiciones, con el sabor de la victoria en los labios.

Fuera, en la calle, la gente se juntaba y se unía. No importaba si se conocían de antes o no, lo importante es que un argentino llamado Andrés los había unido esa noche, y no había mayor explicación. Las calles de Madrid se enteraron bien de quién les había visitado esa noche. Por las calles madrileñas, unas cuantas guitarras y muchas voces cantaban aquellos temas que se tocaron esa noche y todos los que les hubiera gustado escuchar y no pudo ser.

Madrid era una fiesta y sólo se pensaba en repetir el momento. Tal vez pronto.

Por Jesús Vázquez y Diego Masa (Camisetas para todos)

 

Otras crónicas:

La resurrección del cantante salmón por Aberto Quintanilla, los40.com
El otro regreso de Andrés Calamaro por Mariano del Mazo, Clarín

 

 

Miscelánea

Entrada (gracias a Joaquín Daniel Hernández)

Pase VIP

Cartel de la gira

Setlist

 

 

Fotos

Fotos de Dro, Flipaser y amigos del foro de calaforever