Datos técnicos

Concierto celebrado en el Coliseo de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín (Colombia), el miércoles 7 de julio de 2010. 2 horas de concierto, aproximadamente.

Andrés Calamaro en guitarra y voz, acompañado por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra, Tito Dávila en teclados, Candy "Caramelo" Avello en bajo y José "Niño" Bruno en batería.

Invitado: Juanes.

 

 

Repertorio

Los divinos
Jumping Jack Flash
El salmón
Mi rock perdido
Carnaval de Brasil
Revolución turra
Nunca es igual
Get up, stand up
Más duele
Out put in put
Comida china
Todos se van
Tuyo siempre
All you need is pop
Mi enfermedad
Todavía una canción de amor
Para seguir
Me envenenaste
Mano a Mano (con Juanes)
Te solté la rienda
Te quiero igual
No woman no cry
Los chicos
Alta suciedad
Ansia en Plaza Francia
Paloma
Bridge over troubled water
Estadio Azteca (Con Juanes)
Crímenes perfectos
Volver
Flaca
Jam on session
Estadio Azteca (Bis – con Juanes)

 

 

Crónicas

El público de Medellín fue testigo de algo difícil de describir, precisamente por ser difícil de asimilar y digerir. Calamaro en estado de gracia narcótica, asumiendo con firmeza su declaración de principios (y de finales) en su hiper-autobiográfica canción inédita 22 de agosto: vivir sin horario ni calendarios porque sus días tienen “hora Medellín”. ¿Qué significaba esa frase extraña, descontextualizada, de alguien que en su momento nunca había visitado esta ciudad? Para mí, seguidor frenético de sus ineditóxicos que aparecieron después de El salmón, descifrar el sentido de tal frase tomó matices arqueológicos. Supuse que en el 2008, en su primera visita a nuestras huestes, quizás Andrés aludiría algo a este efímero comentario que ennoblece la villa que nos acoge como hábitat. Pero no lo hizo, nada en sus profundos comentarios inter-canciones durante el recital, referenciaba esta idea suelta en su 22 de agosto. ¿Lo había olvidado Calamaro? El 7 de julio supe que Calamaro no había olvidado mencionarnos que alguna vez pensó en Medellín para incluirla en su canción más biográfica. El 7 de julio hubo de mostrarnos que dicha frase no tiene valor literario solamente (o histórico memorable por el avión de la eternidad gardeliano), tal frase es un viaje al futuro desde aquel fin de semana eterno de El salmón. El concierto de Medellín fue como estar en una sesión pública de los míticos relatos del Deep Camboya. Calamaro renació ante nuestros ojos como aquel Salmón que creímos nunca llegar a ver. Este concierto no parece pertenecer a esta época, sino a aquella otra en la cual creímos que nunca más veríamos a Andrés en público. Las canciones viajaban en experimentos vocales casi inconcebibles, hasta el punto que a veces El Cantante parecía estar componiendo nuevas canciones durante la ejecución misma, una suerte de acting-singing (émulo musical del acting-pinting de Pollock). Calamaro dice que en su blog que el concierto quedó grabado: Ojalá alguna vez podamos volverlo a escuchar, pues no creo que tal experiencia pueda ser repetida. Si en la época de El salmón Calamaro hubiera cantado en público quizás sus conciertos hubieran sido como este.

Los estados de conciencia no fueron invitados preferenciales a esta cita musical, aunque esto ciertamente favoreció el desarrollo del recital, pues el propio Calamaro sentía no tener límites expresivos, su voz modulaba de manera eficaz cada exigencia vocal, e incluso, por asuntos netamente técnicos, en momentos parecía convertirse el escenario en una gran máquina de expresión vocal. La voz de Calamaro se superponía a otros instrumentos y su guitarra, en ocasiones, estaba mucho más fuerte que las otras dos, por lo que en momentos específicos parecía un recital individual. Lo más sorprendente de esto es que las canciones parecen preparadas para soportar cualquier desajuste técnico y su ejecución es posible aún renunciando a los sobrios arreglos que tiene la actual banda. Durante la gira con Dylan Calamaro llegó a decir algo que parecía una exageración: dijo que si en algún momento algo fallaba con el sonido, él podría salir sólo a cantar con un micrófono y todo estaría bien. Estaba en lo cierto. Calamaro se despidió tres veces, prolongando la inevitable despedida y al final no pudo resistirse a tocar un Jam Session como los de la época del Honestidad Brutal y repetir Estadio Azteca.

En lo concerniente al recital en sí, vale resaltar algo: la aparición de Juanes en escena. Con él cantó el tango Mano a mano y Estadio Azteca (dos veces) y le dejó estar durante el Jam Session con préstamo incluido de su maravillosa Telecaster. Fue una aparición extraña, como casi todo en este recital. Se saludaron cordialmente, pero Calamaro antes de acabar los saludos protocolarios empezó su narcótica versión del tango, una primera estrofa colmada de exigencias melódicas casi en el borde mismo de la desafinación, todo un riesgo del que Calamaro salió airoso, como casi siempre. Quizás esto influyó excesivamente en Juanes que, evidentemente nervioso, equivocó las letras y requirió de la ayuda de nuestro Salmón, en la parte vocal, y de Tito Dávila en el acompañamiento instrumental. La guitarra de Juanes no estuvo muy lúcida tampoco. Fue una aparición bastante desafortunada que hubo de prolongarse un poco más cuando, en Estadio Azteca, Calamaro volvió a invitarle, ya un poco menos cariñoso y mucho más exigente con su propia voz, dejando a su acompañante en el olvido de la intrascendencia. Quizás un poco más en su sano juicio Calamaro hubiera sido menos cruel, quizás un poco más cortés y diplomático, pero sabemos que con él todo es siempre cuestión de honestidad brutal, por eso su ruta siempre enfrenta la victoria y la soledad. Es de dudar que Juanes quiera acompañar de nuevo al Salmón en un concierto.

Por Juan Diego Parra
para Camisetas para todos

 

Otras crónicas:

Calamaro y Juanes, una noche de tango y rock por Santiago Hernández, El Colombiano

 

 

Comentarios AC

el concierto de anoche no fue un recital cualquiera ; el poder natural de thc puede soprendernos y un exquisito material que ya habia probado en el sopundcheck me acompaño durante las dos horas de concierto ; a veces la diferencia entre dos versiones de la misma cosa .... (planta) es la diiferencia entre el bien-igual y el muy bien excepcional ... para un musico, aficionado profesional al rock y al cannabis en un mismo acto ; llegar a colombia y encontrar la planta magica (no una cualquiera sino LA planta magica) es cumplir el sueño de toda una vida ; quizas haya otros sueños para cumplir, y otros inesperados ; pero indudablemente subir al escenario con un "morao" de campeonato fue (anoche mismo) una experiencia naturdelica psucolelica imposible de olvidar y complicada de recordar, la sensacion de que todo puede desmoronarse, la distorsion del tiempo, nunca estar seguro que cancion estas tocando ... fue un reencuentro con sensaciones encontradas en otras partes del calendario de mi vida tocando musica ; ponerse buen puesto para tocar musica, ni mas ni menos ... los paisas acompañaron con un calor, un canto multiple y una espiritualidad, un calor y una simpatia que, hasta donde yo pude ver, con mi high natural y sin aditivos, fue inolvidable ... cuando quede solo en el escenario para recibir la bendicion del publico en forma de ovaciones, saludando con una montera invisible hacia los cuatro costados del polideportivo .... recibi una catarata de respeto y afecto, ruidosos intensos, verdaderos inolvidables, latidos de todos los corazones que en aquel instante fecundo fueron uno solo .... gracias siempre !

lo estrictamente musical tambien merece resumido analisis pero me va a costar recordarlo ... esta grabado, y ademas lo hablaremos con mis compañeros ; fue divertido cantar en la cuerda floja , aunque divertido sea poca palabra para lo vivido ayer ... no me voy de medellin sin dejarle una placa a carlos gardel, al carlos de bronce que sonrie eterno en el preciso lugar geografico desde donde partio hacia una eternidad que le pertenece ; de medellin al universo donde siempre sonrie y cada dia canta mejor ...

Andrés Calamaro

 

 

Fotos

Fotos de Adriana Lucía Echeverri y Olga Lucía