Datos técnicos

Concierto celebrado en el Complejo Deportivo San Lázaro de Oviedo (España), el domingo 21 de septiembre de 2008, ante más de 4.000 espectadores. Dos horas y cuarto de concierto, aproximadamente.

Andrés Calamaro en guitarra, teclados y voz, acompañado por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra, Geny Galo Avello en guitarra, Tito Dávila en teclados, Candy "Caramelo" Avello en bajo y José "Niño" Bruno en batería.

Invitado: Jaime Urrutia.

 

 

Repertorio

El salmón
Los chicos
Tuyo siempre
Mi gin tonic
A los ojos
Carnaval de Brasil
Todavía una canción de amor
Chicas
5 minutos más
Elvis está vivo (dúo con Candy Caramelo)
Soy tuyo
El día de la mujer mundial
Los aviones
Jugar con fuego
Los mareados
Estadio Azteca
Te quiero igual (con Jaime Urrutia)
Cuatro rosas (con Jaime Urrutia)
Loco / Corte de huracán
Todo lo demás
Crímenes perfectos
Me arde
Alta suciedad
Flaca

Sin documentos
Canal 69
Paloma

 

 

Crónicas

Desde 1999, Andrés Calamaro no pisaba un escenario en tierras asturianas. Por ello, gran parte del público acudió al Complejo Deportivo de San Lázaro para ver a su ídolo en un concierto deseado y esperado durante años y que, a la postre, sació el hambre de rock de todos los asistentes.

En la cola se apreciaba cierto nerviosismo, ya que el cielo amenazaba con lluvia (que al final apenas apareció) y además, se produjo un retraso de más de una hora en la apertura de puertas que tal vez afectó al ánimo del público al inicio del recital. Pablo Valdés y los CrazyLovers, derrochando estilo rockero, fueron los teloneros, aprovechando una ocasión privilegiada para un cantante que, como bien dijo, a partir del día siguiente necesitaría “que todo el público le ayude, ya sin la presencia de los medios” que siguen a las cabezas del cartel.

Y a eso de las once, aparece Andrés Calamaro, el ídolo esperado, con una banda de seis miembros, en la que, como se pudo comprobar se enlazaba parte del pasado y todo el futuro: Candy Caramelo y El Niño Bruno ("una columna vertebral") ya presentes en el 99 le acompañaron con unos genios de las guitarras como son Geni, Kanevsky y Diego García, (del que el propio Calamaro dijo que tenía "magia bajo la yema de los dedos") y las teclas de Tito Dávila. Como en anteriores ocasiones, el inicio a capella de El salmón y el rock de Los chicos dieron el pistoletazo de salida, aunque el público comenzó a animarse de verdad cuando un pletórico Andrés (que corneta en mano dijo "soy un garrapatero") comenzó con su repertorio de bailes y gestos que encandilaron a todos los presentes. Pero fueron los clásicos rodrigueros A los ojos y Todavía una canción de amor (el público entregado) las que convirtieron el concierto en una fiesta. Calamaro comenzó así a hilvanar pasado y presente: viejos éxitos y presentaciones de banda plagadas de referencias a frases de otras épocas.

En la parte central del concierto, se vio a un Calamaro radiante, deplegando todo su savoir faire en el escenario, gustándose y gustando a los asistentes. Una verdadera estrella del rock. Combinaba temas intimistas como Chicas o Soy tuyo (con una emocionante referencia al Contigo de Sabina), con clásicos como Estadio Azteca o una potente El día de la mujer mundial (culminada con I shot the sheriff, volviendo otra vez sobre recursos de giras pasadas). Siempre con el humor por bandera, se atrevió, con la única presencia de Tito Dávila al piano, a sacar su vena tanguera en un alarde de histrionismo musical. Puro genio y figura.

Para este último concierto en "las naciones, culturas y economías de España", contó con la presencia de su amigo Jaime Urrutia para cantar a dúo Te quiero igual y el clásico de Gabinete Caligari Cuatro rosas. Todo un regalo para el público, totalmente entregado, feliz disfrutando de su ídolo y coreando todas las canciones, mientras él ofrecía su micrófono a la multitud.

Enfocando la recta final, la actuación de "Andrés Calamaro y los sin techo (que no se mojan)" (sic), fue un tremendo delirio rock. Una formación agresiva, que incitaba al público a saltar, a gritar; cuatro guitarras y un bajo, una primera línea de cinco mástiles apuntando, desafiando al público a ir más allá... y de verdad que lo consiguieron. Un cantante que recurría a la repetición de palabras a modo de improvisación y a agudos imposibles para demostrar que por algo era el líder, no sólo de la banda, sino de todo lo concerniente al concierto. Era ese ídolo esperado por todos durante tanto tiempo. Mezclando un verdadero repertorio rock (Alta suciedad) con puntos de extremada emotividad (Crímenes perfectos, Flaca) se despidieron brevemente del público ovetense.

Evidentemente, nadie quería dejar las cosas así. Ni el público, ni la banda. Así que los siete rockeros volvieron al escenario en lo que fue un tremendo éxtasis. Un final con temas de Los Rodríguez y el broche final con esa auténtica maravilla que es Paloma sirvieron para redondear dos horas de un concierto inolvidable, un velada donde la palabra rock tomó forma ("Oviedo debería significar rock" afirmó Andrés) y fue lo más repetido. Rock.

Ése puede ser el mejor resumen del recital. Rock. Un recital que, como ya ha quedado dicho, fue largamente esperado por el público asturiano y que dejó varias sensaciones, todas ellas positivas. La primera, evidentemente, la alegría y el júbilo de quien sale de una actuación técnicamente perfecta en la ejecución y en la puesta en escena. También, una sensación de haber visto a un Calamaro pletórico, en plena forma, en prefecta comunión con el público y cómodo en el escenario. Cómo no, deja también una resaca de sonrisa al traernos al presente otras épocas gloriosas y unirlas a la actualidad olvidando la sequía de conciertos. Y por último, y tal vez lo más importante y destacable, deja una enorme satisfacción y abre grandes expectativas de futuro contemplar como, de nuevo, como en aquel 1999, Andrés Calamaro tiene una banda cohesionada, potente, equilibrada, compenetrada. Una verdadera banda de rock.

Por Guillermo Muñoz
para Camisetas para todos

 

Otras crónicas:

Descolocando al personal por Víctor Rodríguez, La Voz de Asturias
Calamaro, superhéroe de rock por Chus Neira, La Nueva España
Andrés derrota al cielo por Chus Neira, La Nueva España
Guitarras de despedida por I. Rey y M. Llano, El Comercio Digital

 

 

Comentarios AC

fue emocionante despedirse, hasta el siguiente año, de los publicos de la peninsula
(e islas), de los tecnicos, ayudantes e ingenieros, algunos de los cuales siguen con nosotros en america, otros de los quienes se quedan a seguir currelando (argot de trabajar) en spain. Ojala se repita, compañeros !

que publico mas bueno tenemos, mas .. todo

fue un cierre ideal, emotivo .. inspirado

y despues nos convidaron con los mejores pintxos y tapas del tour

Andrés Calamaro

 

 

Fotos

Fotos de Juan Tamargo, Tamara V., Beatriz García y Guillermo Muñoz