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Puedes descargar parte del concierto en audio aquí.
Datos técnicos
Concierto celebrado en el Espacio Riesco de Santiago
de Chile (Chile), el domingo 9 de diciembre de 2007, ante
unos 8000 espectadores. Dos horas y cuarto de concierto,
aproximadamente.
Andrés Calamaro en guitarra, teclados y voz, acompañado
por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra,
Tito Dávila en teclados, Candy "Caramelo" Avelló
en bajo, José "Niño" Bruno en batería
y Daniel Suárez y Carlos Sbarbati en
coros.
Fito & Fitipaldis actuaron como grupo telonero.
Repertorio
El salmón
Los chicos
Tuyo siempre
Mi gin tonic
Ok perdón
Todo lo demás
Te quiero igual
Carnaval de Brasil
Días distintos
Lo que no existe más
Crucifícame
Soy tuyo
Los aviones
Los mareados
Estadio Azteca (con Fito Cabrales)
A los ojos (con Fito Cabrales)
Loco
Crímenes perfectos
5 minutos más (minibar)
Madison Blues (presentación de la banda)
Sexy & Barrigón
Horarios esclavos
Canal 69
Paloma
Me arde (con Fito & Fitipaldis)
Quiero ser una estrella (con Fito & Fitipaldis)
Alta suciedad (con Fito & Fitipaldis)
Flaca (con Fito & Fitipaldis)
Crónicas
La ardiente paciencia tuvo su premio: rock and roll y locura en
Santiago.
Algunos estuvimos en Córdoba, Cosquín, en 2005. Otros
viajaron, ese mismo año, al Luna Park o a Obras. Hubo muchos
que, la enfermedad es así, cruzaron los Andes en diciembre
de 2006 para ver a 2 Rodríguez en Mendoza o en
Baires. Y es que vivir al final o aislado de todo (desierto, cordillera,
antártica y océano nos rodean los flancos) hace las
cosas un tanto complicadas. Pero había que esperar. Aunque
fueran 10 años después, un domingo por la noche, en
un sitio que no facilitaba las cosas por la ubicación, bastante
a trasmano en la ciudad, o por las condiciones de infraestructura,
de acústica, de mala ventilación y de encierro para
unas 8 mil personas en un recinto apto para 5 mil. Cosas como éstas
pensábamos, el plural no sé por qué se me ocurre,
mientras Fito & Fitipaldis derramaba, en casi una hora de presentación,
la dosis suficiente de personalidad, cohesión, guitarras
distorsionadas y fuerzas como para hacer llevaderos los minutos
previos a la irrupción del plato de fondo de la noche.
Pasadas las 21 horas, AC abordó el escenario y encaró
al respetable con un macizo izquierdo, escribo de uno
de los de la zurda, directo a nuestra desprotegida mandíbula,
pues abrió con El Salmón
que, rockero como siempre, estuvo marcado por un claro guiño
de ojo a la versión grabada, recientemente, por el Indio
Solari. De inmediato y como era de esperarse, movidos por una ética
a la altura de tamaña invitación al delirio, todo
el publico comenzó a saltar y a cantar las estrofas en un
coro fundido en plata y oro, y diamantes, como los de antes.
Los más tarados, los que pagaron las entradas más
caras, subidos arriba de sus sillas, dificultaron la visión
de los que estaban atrás, de pie, en las generales. Los de
la parte de atrás, estoy seguro aunque me encontraba entre
los tarados de adelante, maldecían la estupidez y la falta
de previsión de la productora que no reparó en lo
que era evidente: ¡a un recital de rock se va a saltar y no
a contemplarlo sentado! Por suerte para los de atrás, el
respeto terminó por imponerse cuando al sexto tema todos
nos encontrábamos disfrutando ya, o casi, a la misma altura.
Mientras tanto, la combinación de golpes, entiéndase
hits, se sucedía esgrimida por una formación de músicos
curtidos: una sólida propuesta stone de cuerdas eléctricas
más el hammond de siempre en la música AC, capaces
de ir provocando complicidad rápidamente, aunque se tratara
de nosotros, un montón de marginales del fin del mundo. A
AC se lo vio relajado, ya fuera guitarra al cuello, teclado al frente
o mate en mano. Algunos dicen que fue distante, yo creo que habló
con su música y con sus canciones pues sabemos que no es
ningún Jimmy Swaggart del micrófono. Así pasaron
Los chicos, la cumbianchera Tuyo
siempre y un variado repertorio de canciones que comprendió
desde la época de rodriguista, con Canal
69 y A los ojos, pasando por
los últimos 10 años de su carrera como solista, mediante
unos rescates del elegante Alta suciedad,
del expiatorio y radioactivo Honestidad brutal,
del experimental, meta-músico y lisérgico El
salmón y del sofisticado El
cantante. De lo nuevo se escuchó un variopinto set
de la versión más reciente de la estética AC
que recoge La lengua popular: una sobria
vuelta a los riffs en clave de rock acompañada de canciones
de amor (entendemos que a cualquiera le puede pasar eso del amor).
Las sorpresas estuvieron de la mano de Los
mareados en formato de tango en compañía de
los teclados de Dávila, de Madison
blues de Elmor James, autor de la mítica Rollin
and tumblin grabada por Canned Heat, Clapton y Dylan, entre
otros. Para los más conspicuos, escuchas de la batalla personal
de AC, esa que sigue su corriente, Lo que
no existe más confirmó que a veces es peor
el remedio que la enfermedad, pues ni la potente versión
de Azteca en compañía
de Fito, ni los cuatro bises interpretados por ambas bandas, en
pleno en el escenario, lograron calmar ese tipo de ansia que, siempre,
haría matar por 5 minutos más.
Me permito algo personal. Acabo de cumplir 30 años y hace,
por lo menos, 15 que en la banda sonora de mi vida aparecen, frecuentemente,
las canciones del argentino pelucón y veterano de Camboya.
Gracias por grabar, y tocar, las canciones que necesitaba escuchar
para sentirme acompañado cuando estuve hecho pelotas o para
pelar cuando se trataba de problemas de algo más que sólo
rock and roll.
Como cantaba Norberto Aníbal: Que sea ROCK.
Por Juan José Alvear
para Camisetas para todos
Era lógico. Así debía ser. Nadie pensó
lo contrario. El regreso de Calamaro a Santiago estuvo a la altura
de todas las expectativas. Desde los primeros acordes de El
salmón, primera canción de un total de 28,
las ocho mil personas que llegaron a Espacio Riesco lo pudieron
confirmar: sería un buen show.
Rodeado de una banda que no sólo acompaña (un aplauso
a los guitarristas, por favor), sino que le entrega todo el cuerpo
que las canciones necesitan, Calamaro diseñó un concierto
donde los viejos hits complementan la inclusión de las nuevas
creaciones de La lengua popular. Algo
tímido en un comienzo, con poca interacción hacia
el público, muy concentrado y profesional, Calamaro regresó
a los escenarios nacionales mostrando lo mejor de sí: sus
canciones y los años de experiencia.
Los ya típicos problemas de sonido del sitio elegido para
el concierto, no se notaron. Tampoco opacó el show los constantes
problemas entre los guardias de seguridad y los espectadores, ni
el contaminado "¿Por qué
no te callas?" pronunciado por el king de spain hace
pocas semanas en el mismo lugar. Coreadas hasta el cansancio, canciones
como Te quiero igual, Los
aviones, Estadio Azteca, Flaca,
A los ojos, marcaron los puntos altos
de un show donde queda claro que hablar de regreso es un anacronismo
propio de títulos sensacionalistas, más que de la
realidad musical del músico trasandino.
Calamaro tiene oficio y lo sabe usar. Ordena y dispone sobre el
escenario, habla poco, enlaza canciones, se da tiempo para darse
un gusto con tangos, con versiones renovadas (como la de Días
distintos o Los aviones, con
juegos vocales con su coro de la Bersuit. Mira y sonríe.
Sabe que lo está haciendo bien. Pide aplausos para la banda,
prepara mate, arroja púas y besos al público, se cuelga
la guitarra y sorprende a sus propios músicos.
Se nota ensayo y trabajo, pero sobre todo ganas de que tanto los
músicos como el público disfrute. Queda la sensación
de que no sean diez años los que se tengan que esperar para
una próxima presentación en Santiago. Porque las quejas,
si las hay, no pasan por lo musical, sino por el alto precio de
las entradas, y lo mal distribuido de la sala para este tipo de
conciertos de rock, sumado a una incomprensible prepotencia por
parte de los guardias de seguridad.
Un buen concierto que, sin duda, se anota entre los mejores del
año.
Por Roberto Santander
Otras crónicas:
Calamaro
paseó el rock, blues, las baladas y el tango por Espacio
Riesco por Gonzalo Rodríguez, Radio Cooperativa
Una
máquina de hacer canciones por J.C. Ramírez Figueroa,
El Mercurio Online
Andrés
Calamaro en Chile por Carlos Matías Pérez, Indie.cl
Miscelánea
Entrada
(gracias a Úrsula Vicencio)
Acreditación
de prensa (gracias a Roberto Santander)
Cartel
Fotos
Fotos de Carlos Müller, Carlos Padilla y Cristian Soto
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