|

Datos técnicos
Concierto celebrado en el Movistar Arena de Santiago
de Chile (Chile), el sábado 5 de diciembre de 2009,
ante más de 10.000 espectadores. 2 horas de concierto, aproximadamente.
Andrés Calamaro en guitarra, percusión y voz, acompañado
por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra,
Geny Galo Avello en guitarra, Tito Dávila en teclados, Candy
"Caramelo" Avello en bajo, José "Niño"
Bruno en batería y Daniel Suárez y Carlos Sbarbati
en coros.
Repertorio
Jumping Jack Flash
El salmón
Mi enfermedad
Carnaval de Brasil
Salud (dinero & amor)
La mirada del adiós
Mil horas
Todavía una canción de amor
Media verónica
Socio de la soledad
Por mirarte
Los aviones
El día de la mujer mundial
Los mareados
Naranjo en flor
Soledad
Cada una de tus cosas
Seminare
Estadio Azteca
Crímenes perfectos
El perro
Jugando al límite
Los chicos
Tuyo siempre
Me arde
Alta suciedad
Palabras más, palabras menos
Volver
Flaca
Canal 69
Paloma
Crónicas
Si el concierto de Calamaro en Santiago de Chile el 2007, fue puro
y buen- oficio, al de este Diciembre del 2009 habría
que sumarle genialidad, virtuosismo, y un buen set de canciones.
Comenzó con Jumpin' Jack Flash, de los Rolling Stones, -tal
como lo venía haciendo en su gira española- para enlazarla
con El Salmón. Dos canciones y toda una declaración
de principios: un acorde es también parte de otra canción.
Sobre el escenario la banda respondía: 3 guitarras fijas
(y cuatro cuando Calamaro se sumaba), un bajista de excepción
y recorrido como Candy Caramelo, un baterista que marca tiempos,
ritmos, y le entrega carácter y elegancia, como el Niño
Bruno, los coros de Dani y Cóndor, más el acompañamiento
en teclados de Tito Dávila.
La transversalidad de géneros, la reinvención sonora
de algunos de sus hits, la incorporación de viejas melodías,
nos hacen recordar que la música y las canciones vienen de
otras y van hacia otras. Calamaro, tanto en sus discos como en sus
shows, toma una tradición digna de sus mejores tiempos. Asume
la música como una actitud de invención e incorporación.
Se sumerge en ritmos prestados, canta versos de otros; recuerda
el pasado musical y personal con la frialdad del que sabe que la
originalidad también consiste en un permanente rescate.
Así es como Calamaro no tiene miedo a tocar Salud
(dinero y amor) al ritmo de Walk of
life de Dire Straits, a cantar 3 tangos sobre el escenario
y darse espacio para olvidar la letra-, cantar un pedazo de
Gracias a la vida, o tocar un cover
de Serú Girán como si fuera una canción propia.
No se intimida al momento de cantar El perro
o Jugando al límite canciones
de ese Calamaro más clandestino, algo desconocido por el
público menos riguroso-, y se da espacio incluso para la
teatralidad cuando comienza a imitar a James Brown o el tono de
voz de Sabina.
Improvisa la letra del final de Socio de
la soledad, recuerda a Spinetta con frases y sentencias elogiosas,
recita el Martín Fierro, no olvida a Víctor Jara y
el Santiago más sangriento, y en nombre de Raúl Castro
convoca a la revolución bolivariana y capitalista.
Lejos está el Calamaro que poco se movía tras el
teclado. (Hagan el ejercicio de escuchar el Concierto de Cosquín
2005 y entenderán de lo que hablo) Ahora, con las botas puestas
escupe al suelo, se cuelga la guitarra, va hacia al frente, y se
suma a los acordes junto a sus guitarristas. Mira a la cámara,
a veces se arrodilla, da un par de pasos de baile, ríe, recuerda,
comenta, y no se olvida que esto se trata de canciones.
Se pasea por gran parte de su repertorio personal: Mi
enfermedad, La mirada del adiós,
Por mirarte, son algunas de las más
antiguas. Canta Media Verónica,
Los aviones, y también algunas
de sus más recientes como Carnaval
de Brasil o Cada una de tus cosas.
Manda verdaderos golazos con Crímenes
perfectos (tal vez una de las canciones más coreadas
de la noche), toca Flaca con un ojo
puesto en otro lado, y culmina con su canción Dylan, la esperada
Paloma.
En permanente comunicación con el público, Calamaro
hizo de su concierto en Chile un verdadero show de Rock & Roll.
Nada de nostalgia; el músico trasandino demostró que
recuperó esa alegría de tocar que alguna vez estuvo
ausente con una inapelable dosis de música y actitud sobre
el escenario. Mostró una versatilidad rítmica encomiable,
con una banda que no sólo toca, sino que también se
incorpora al espectáculo.
Andrés Calamaro, con conciertos como los del sábado,
nos demuestra que de todo se sale, que hay infiernos mejores, y
que la música siempre está de nuestra parte. Y como
el propio Andrés dijo durante el show en Santiago: No
me griten grande, grítenme de tamaño normal.
Por Roberto Santander (La
periódica revisión dominical)
para Camisetas para todos
Otras crónicas:
Calamaro
en Santiago: antología, memoria y nostalgia por Laura
Gamundí y Javier Núñez, Rocknvivo
Homenajeando
a Víctor Jara, Calamaro repasó sus grandes éxitos
por Terra Chile
Comentarios AC
Justo cuando la eternidad decia dos veces presente salimos al
arena de santiago de chile, banda enriquecida con los cantos de
los coreutas mas bueyes & el deseo de arrancar con esta gira
(acaso demasiado corta) que anoche empezo a rodar en el pais hermano
; evocamos a la memoria del martir Victor Jara justo en el dia de
su descanso definitivo, recordamos a Mercedes y a Violeta con una
estrofa completa de "Gracias a la Vida", calentamos los
motores para el tramo "nacional" del rock-trip hasta poner
la maquina a temperaturas escenicas que hicieron temer por la integridad
fisica de este cantante que saltaba encima del guitarrista Diego
(emulando el caballito de Ronnie & Mick), corria por el stage
con la guitarra como enbutido en el espiritu de Angus "forever"
Young y presentaba tanto el "tango-show" como el segmento
Ramonero Scornik ; me di el gusto de gritar a gusto, de recuperar
la solemnidad que ameritaba la fecha historica y el "dia despues"
de la descarga de sensibilidad y eternidades "spinettanas",
con la gratitud (y la emocion intactas) despues de desayunarme leyendo
las cronicas del irrepetible recital del "flaco" y su
inmenso homenaje a este "salmon" , derretido por el gesto
inabarcable del maestro y compañero ; volviendo a-noche,
desplegamos nuestra artilleria subidos al caballo del extasis y
dejamos, otra vez, a nuestra generosa audiencia con los brazos en
alto (como corresponde); esta vez le pusimos el cuerpo (y la sangre
en la arena) a este recital "hirviente" que dedicamos
a Julian Infante, Pelo Aprile y a la memoria de Jara y la dignidad
heroica del pueblo combativo de latinoamerica.
Andrés Calamaro
Miscelánea
Entrada
(gracias a Úrsula Vicencio)
Fotos
Fotos de Javier Valenzuela
|