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José Bruno, el gran "Niño" Bruno, no para.
A su primer libro, Baterías y canciones,
le ha salido un hermanito. Acaba de publicarse Diario
de un Fitipaldi, en el que José narra las vivencias
tras un año intenso de gira con Fito y Fitipaldis, con 103
(¿casualidad o salmonada?) conciertos a las espaldas. A través
de las 240 páginas del libro, nos acerca de una forma amena
todo lo que sucede en la carretera y en el día a día
de un grupo con tanto peso en el panorama español como el
de Fito Cabrales. El libro ya está a la venta en su web oficial,
www.josebruno.com.
Pero eso no es todo, porque a través de esta entrevista
Bruno nos cuenta sus futuros planes (sí, los hermanos serán
tres) y sus aficiones que tocan varias ramas artísticas.
Y todo ello unido a su importantísimo rol en la banda actual
de Calamaro, al que respalda con su batería en lo más
alto del escenario y al que siempre ha admirado. Tal vez, si aceptó
ser su baterista, en parte fue para poder tener el mejor sitio en
cada concierto.

Camisetas para todos: Tras Baterías
y canciones, que tiene ya agotada su primera edición,
publicas un segundo libro. ¿Qué nos puedes contar
de Diario de un Fitipaldi?
José Bruno: Que fue un juego
para entretenerme en el hotel. Escribía las cosas que pasaban
y hacía fotos dentro y fuera del escenario. Sabía
que era una gira importante y era mi manera de disfrutarla. Enseguida
me enganchó, por el día tomaba notas mentales de lo
que ocurría y por la noche lo apuntaba en una libreta. Era
un secreto, nadie sabía que lo estaba escribiendo, hasta
que a punto de terminar la gira le regalé una copia a Fito
por su cumpleaños.
Con las fotos me ayudaba mi pareja, María, que estudió
fotografía y tiene muy buen ojo. Cuando llegaba a casa ella
me elegía las fotos. Yo decía: esta la borramos que
está muy oscura; y ella me contestaba: ni se te ocurra, es
la mejor de todas, jajaja.
Luego la gente que lo leyó me animó a publicarlo,
porque dicen que hay algo que te engancha a seguir leyéndolo
y que cuenta de una forma entretenida un montón de facetas
distintas de la vida en la carretera de un grupo de rock.
El libro tiene 240 páginas y 270 fotografías e incluyen
la aventura 2 Son Multitud que aportó
a la gira de Fito, el arte, la categoría y el prestigio que
siempre luce nuestro querido Salmón.
CPT: Fue una gira donde hicisteis más de
100 conciertos. ¿Acaba uno un poco harto de tocar tantísimas
veces las mismas canciones?
JB: Eso lo cuento en el libro. Justo
después de 2 son Multitud hubo
un bajón. Fue lo que tú dices, estábamos cansados
de tocar las mismas canciones, las emociones también se desgastan.
La famosa rutina. La banda empezó a sonar más floja
y hubo gabinete de crisis. En fin, todo esto y muchas otras cosas,
como anécdotas más triviales pero más divertidas,
que fueron ocurriendo durante la gira, están contadas con
detalle en el Diario.
CPT: Y tras estos dos libros, ¿tienes algún
proyecto en mente?
JB: Después de la gira de octubre
2008 por Sudamérica con Andrés, tenía tres
meses libres y escribí Mentiras y Verdades
sobre tocar un instrumento. Es un proyecto de ensayo sobre
la interpretación en la música pop que se divide en
dos partes: situaciones y nociones.
Las situaciones son: el estudio del instrumento, tocar
en un grupo, el miedo escénico, la carretera, el estudio
de grabación, etc. Y las nociones: la improvisación,
la inspiración, la creatividad, la técnica, para qué
sirve la música, su relación con otras artes, y otras
cuestiones que se le plantean a cualquiera que lo intente con cualquier
instrumento.

CPT: Tu afición a la escritura se deja ver
también en los relatos que publicas en tu web. ¿Cuántos
hay realmente? ¿Algún día abrirás un
poco más el cajón para ir dejando ver más o
son cosas que prefieres guardar?
JB: Publiqué Baterías
y canciones porque no hay nada en castellano para leer sobre
los grandes bateristas, es un tema que me apasiona y del que puedo
escribir. Ahora, Diario de un Fitipaldi
tiene sentido porque la gente que lo ha leído dicen que resulta
muy interesante saber sobre el día a día de una gira
de rocanrol.
Respecto a mis relatos, no estoy seguro de que quiera publicarlos,
hay mucha gente que escribe ficción mucho mejor. Eso sí,
me divierto mucho escribiéndolos.
CPT: Y por si fuera poco, también eres un
apasionado de la fotografía e incluso tienes una colección
bastante curiosa de fotos de las giras y demás. Seguro que
tienes más de una foto divertida, comprometida o espectacular.
¿Saldrán algún día a la luz?
JB: Bueno, el interés por la
fotografía es una forma de divertirme en las giras, un ejercicio
de nostalgia, atesorar recuerdos y buscar belleza también
en las imágenes. Guardo gigas de fotos de todo tipo.
CPT: Otra actividad que te mueve por toda España
es la de los clínics (charlas, clases y sobre todo demostraciones
sobre batería). ¿Qué destacarías de
esa experiencia?
JB: Siempre me gustó mucho
la enseñanza. Empecé a dar clinics después
de que los lectores de la revista Batería
Total me votaran Mejor Baterista de Rock, durante dos años
seguidos. En los clinics analizo el estilo de los grandes bateristas
y toco encima de sus mejores grabaciones. También cuento
mi visión del instrumento, las cosas que a mi me han influenciado,
lo que considero que es la función del baterista, mi trayectoria,
y otros aspectos del instrumento.

CPT: ¿Qué música escucha actualmente
José Bruno? ¿Y ya que estamos, cuáles son tus
grupos favoritos de toda la vida?
JB: De los grupos nuevos me gusta
mucho Vestusta Morla, grandes canciones y gran cantante, los vi
en directo en Navidad y me gustaron mucho, tanto, que al llegar
a casa escribí un breve relato que se llama La
Mujer Barbuda.
Mis grupos de toda la vida son Led Zeppelin, James Brown, Jimmy
Hendrix, Deep Purple, Bob Dylan , The Meters, Al Green, etc. También
escuché mucho a los grandes jazzistas y siempre vuelvo a
ellos: Monk, Coltrane, Evans, Miles, Dolphy...
CPT: Existe un debate sobre la calidad bestial
calidad de esta última gira, donde se la compara a la de
Honestidad brutal en el 99. Tú
viviste las dos, mójate y dinos con cuál te quedas,
a pesar de que las dos fueron muy distintas y en épocas diferentes
de la vida de Andrés.
JB: Para mí la etapa de Honestidad
brutal tenía mucha emoción porque llegar a
tocar con Andrés, como ya te conté en otra entrevista,
era un sueño: el sueño.
Después de diez años nuestra interpretación
de las canciones es mejor: más directa, más transparente,
más emotiva, técnicamente más pulida. Personalmente
me quedo con esta última etapa, con el Andrés más
maduro, más crooner, con más ganas que nunca de subirse
a un escenario y disfrutar cantando. También con la banda
más trabajada en arreglos y mejor engrasada y precisa de
ahora. Y mejoramos con cada concierto.
CPT: En relación con el último disco
y las últimas giras, mucha gente coincide en que Calamaro
está en su mejor momento. ¿Cómo ves ahora a
Calamaro musicalmente?
JB: También creo que Andrés
está en su mejor momento, bueno, también puede que
lo mejor esté por llegar, disfruta de verdad de las giras
y de los ensayos, le encanta juntarse con la banda y tocar, cantar
con la gente que viene a los conciertos. Acaba de sacar Obras
Incompletas que es una obra colosal que refleja diez años
de la actividad de un Genio de las emociones musicales como hay
pocos, y que tendrá, como El Salmón,
mayor reconocimiento con el paso del tiempo, a medida que la gente
vaya asimilando los seis cd´s. Sinceramente, creo que, aunque
pocos cantantes contemporáneos tienen el prestigio de Andrés,
por no hablar del talento, del brillo que sólo luce en unos
pocos; aún así, Andrés es mucho más.
En fin, la verdad es que estoy disfrutando mucho tocando en una
banda de Verdad que crece con cada ensayo con cada concierto, Candy
es el director musical perfecto, los guitarristas son impresionantes,
y un líder al que admiramos mucho y al que con los años,
que ya son diez, considero un amigo.

Incluimos a continuación el relato que comenta José
Bruno durante la entrevista y que gentilmente ha querido compartir
con nosotros.
La mujer barbuda
Salíamos eufóricas del concierto de Vetusta Morla
en Valladolid con mi amiga Sandra cuando vi aquella imagen. Estaba
aturdida de tanto saltar y corear las canciones y quise mirarme
en lo que parecía ser un pequeño espejo en el pasillo
del teatro y que en realidad resultó ser una ventanilla.
En ese instante de confusión en lugar de ver reflejada a
la adolescente que soy, me sorprendió la imagen de un tierno
barbudo con el que me sentí tan identificada como con las
canciones que acababa de escuchar. Fue una revelación. Su
desaliñada barba era el marco perfecto de un rostro que expresaba
un sorprendente equilibrio entre bondad e inteligencia, algo que
hasta entonces sólo había sentido escuchando canciones.
No hablé en todo el camino, estaba muy ocupada asimilando
el cambio. Cuando llegamos al Fuzztone, Sandra se puso a hablar
con la camarera mientras yo me acariciaba la barba pensando en cuestiones
de orden filosófico como en si el movimiento grunge fue una
crítica al capitalismo o una capricho de éste.
Antes de que me sirvieran la segunda cerveza ya me había
comprado mi primer paquete de Ducados. Fumaba uno tras otro expulsando
el humo por la nariz, lo cual me producía un agradable calorcito
en el bigote. Fui al baño a mear, al de chicos, claro, pero
otro espejo me volvió a traicionar y, en lugar del barbudo
que soy, me devolvió la imagen de una jovencita y aproveché
para encerrarme en el baño a practicarme tocamientos que
me produjeron una erección de caballo.
Al salir del baño, la música tan alta me molestaba,
y me fui del bar sin avisar, buscando algo más acorde a mis
gustos de barbudo. Encontré El Graduado, donde un montón
de pijos de los de antes, con jerseys de cocodrilo, jugaban acaloradamente
al Trivial mientras bebían cubalibres, en lo que consideraban
un acto de transgresión social propio de las navidades.
Como fui totalmente ignorado, me quedé mirando un tablón
de anuncios donde leí sobre un curso literario que prometía
milagros. Apunté el número y volví al insultante
frío de Valladolid en dirección a la casa de mis padres,
pues quería que vieran con sus propios ojos mi sorprendente
mutación.
Me abrió la puerta la que supuse era mi madre, y su seductor
camisón me animó a invitarla a un Ducados en el salón.
A lo que me respondió:
-¿Que horas son estas? ¡Y ni se te ocurra fumar en
casa! Ya hablaremos mañana tu y yo..... ¡Y cuidado
con hacer ruido, no despiertes a tu padre y la vayamos a tener!
No entendí nada. Tampoco que en mi supuesta habitación
hubiera pósters de chicos guapos en lugar de los de Cobain
o el Che. Indignado, decidí irme de casa dejando una nota
que decía: Ya no soy el mismo. Algún día
lo entenderéis.
Lo raro fue que no sabía con que nombre firmar, así
que, desesperado, me metí en la cama y soñé
que era el cantante de Vetusta Morla. Y que después de los
conciertos me llevaba jovencitas al hotel para jugar al Trivial
y fumar Ducados hasta que mi madre nos mandaba acostar.
Todavía me sigue picando la barbilla. Y ya no me atrevo
a mirar un espejo.
José Bruno
Fotos de Noah Saye y José Bruno
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